Thursday, March 03, 2005

Embalaje

Hoy -idealmente- me cambio de casa. Así que tuve que pasar por una revisión necesaria de cajones de objetos relegados a cajas desde el cambio anterior y pilas de lo que podríamos resumir como papeles. (Revistas, fotocopias, bocetos, proyectos, recortes...) Si bien encontrarse con un par de cosas perdidas que aun te sirven es bastante agradable, todo el asunto de la decisión sobre la eventual utilidad de estos cachureos alcanza a ser ligeramente complicado, al menos para mi. Son justamente esos objetos que se tambalean en el delgado borde entre lo “posiblemente útil cuando menos se lo espera” y lo “suficientemente viejo para presionarte a conseguir otro” o incluso lo “bastante bizarro como para perderlo y no recordarlo excepto en momentos de nostalgia aleatoria”. Por ejemplo:

  • Un VHS que no funciona.

  • La efigie plástica de un personaje de Virtuafighter obsequiada por mi amigo N., con quien nos aporreábamos virtualmente por horas jugando esa cosa.

  • CASETTES, oh si, cassettes, como en el comercial ese. Claro que el tipo del comercial encontraba buenísimo su cassette, yo por mi parte considero la posibilidad real de reemplazarlo en cd, robándome el disco de la Internet. Pragmatismo. Debo llevarme, sin embargo, los cassettes de los ensayos de mi banda disuelta hace años. ¿por qué? No tengo la menor idea. Son la clase de cosas que te hace sentir mal botar, como la comida, quizás, o como las cartas de ex-novias.

  • El álbum casi completo de Robotech.

  • La misteriosa foto (fotocopia) de Hitchcock que mi amigo encontró en una casa abandonada, y que todavía conserva pedazos del papel mural de esa mansión siniestra.

  • Libretas de teléfonos antiguas, que incluyen algunos números con menos dígitos de los que se usan hoy y teléfonos fijos de gente que sabes de sobra que ya no vive ahí. Humm, pero ese par de números misteriosos, garabateados a la rápida...

  • Los comics que dibujaba de niño. Misma situación que los cassettes de ensayos.

  • Trabajos para la universidad: un día fueron el sentido de la vida. Ahora, en buena parte son basura.


Creo que el criterio aquí tiene que ver con que no todo puede ser nuevo. Parece inevitable y hasta correcto desplazarse arrastrando una caja llena de plásticos y papeles con un sentido que se va perdiendo con el tiempo. Y también puede que sea inevitable que aquellas cosas que repentinamente quiero recuperar justamente sean las que no lograron pasar el casting de cachureos para el nuevo hogar.

5 Comments:

Blogger Samanta said...

Creo que esos cachureos sólo adquieren sentido cuando uno se muere y alguien más los revisa, encontrándoles los sentidos más extraños.
En lo personal, he descubierto que el 70% de mi closte es ropa que no uso hace años (incluso décadas), pero con todo este asunto de lo vintage no me atrevo a botar nada ¿Quién sabe si mis jeans que apenas me cabían por el talón serán eventualmente un objeto de colección?

5:06 pm  
Blogger Juan said...

Exacto. Personalmente me preocupa ser definido, luego de muerte, por mis dibujos pornográficos. Especialmente porque son bastante malos. Me recordaste deshacerme de ESA carpeta.

5:19 pm  
Anonymous Rulitos said...

MMM...cómo saber qué debes tirar a la basura y qué no? no esperes la respuesta...sólo puedo decir que me he cambiado más de 8 veces en 5 años y eso me obliga a ir dejando pedacitos de mi vida entre los basureros de mis diversas habitaciones. No es fácil discriminar, yo todavía guardo algunas cosas absolutamente innecesarias en lo práctico, pero que no logran pasar por el filtro del desapego.
La última vez que me cambie de casa encontré un cassette con una grabación en la que a los 9 o 10 años inventaba despachos de noticias y presentaba canciones, es que acaso alguna vez en mi vida, sí quise ser periodista....????
Horrorizada! lo bote.

1:46 pm  
Blogger Juan said...

(Risas)

2:54 pm  
Anonymous Niha said...

Vaya, rulitos, yo también hacía eso con mi hermano. Aprovechábamos que su radiocasete con grabadora tenía una función de grabar a más o menos velocidad para poner voces tontas.
Cierto que es complicado saber qué tirar y que no. A veces se piensa "¿Y si esto me sirve para algo en algún momento?", pero en ese plan, la casa estaría atestada. También está el caso de lo que no sirve para nada pero guardas por otros valores fuera de la mera utilidad.
El otro día, por ejemplo, encontré una notita de mi padre a la profesora explicando por qué había llegado tarde a clase. No recuerdo por qué, no la entregué (tal vez no hizo falta) y me la quedé, creo que para malos propósitos (que no llegué a materializar). El caso es que tenía como fecha un día de 1999. Una errata por parte de mi padre, la nota era realmente del 91 ó 92.
El caso es que no he llegado a deshacerme de esa nota, por ser un testimonio material de mi padre. Me produce una extraña sensación el hecho de que para la fecha de la nota, el ya no estuviera.

8:27 pm  

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